Vedeto-dance

Vedeto-dance.

Con Manuel lo decidimos una noche de enero. Lo decidimos por varias razones que serán expuestas a continuación:

Necesitábamos con relativa urgencia dinero y se nos presentó la oferta que con un poco de vergüenza aceptamos.

Aquella noche era helada, porque después que llueve siempre hace frío y estábamos en un balcón de un gran edificio conversando, estábamos riéndonos como unos niños que van a hacer una maldad. Nos mirábamos y nos reíamos. Nos habían invitado por separado y ninguno de los dos sabía que nos íbamos a encontrar ahí. Nos habían invitado a una fiesta que prometía ser una buena fiesta. Manuel estaba extasiado porque había muchas mujeres y siempre veía una posibilidad ahí. A mi poco me importaban las mujeres porque no estoy soltero, pero siempre es interesante ver como esas mujeres se acercan o los hombres se acercan, acariciando la fruta prohibida. Yo soy una papa casada decía y todos se reían. Manuel en cambio intentó toda la noche engrupirse a alguna muchacha cosa que no sucedió.

Cuando nos vimos en la calle por casualidad antes de entrar a ese gran edificio nos dimos cuenta de que íbamos a la misma fiesta. Fue una buena coincidencia, de esas que no suelen pasar. Llegamos juntos y las preguntas eran: ¿ustedes se conocen? ¿de cuándo? Y así pudimos entrar en total confianza en un ambiente en donde no conocíamos a casi nadie.

La propuesta, después de tragos y mucho humo, no fue dirigida a nosotros, pero nosotros la tomamos nuestra. Una de las chicas se reía y comenzaba a decir que la habían invitado a una despedida de soltera y que estaban buscando un vedeto. Y preguntó si alguien conocía a algún vedeto y la verdad es que nadie conocía un vedeto. Pero nosotros, no sé si porque estábamos un poco ebrios, comenzamos a decir que por cien lucas la hacíamos, nos vamos mitad y mitad y la hacemos de oro. La mujer nos miró de pies a cabeza y dijo que ese era su presupuesto y que si realmente queríamos hacerlo ella no tenía ningún drama en aceptar.

Solo recibimos el pago por adelantado y la mujer que no estaba bromeando me preguntó el rut y con Manuel nos miramos, como dudando y le dije el número de mi cuenta bancaria. Sería la próxima semana, necesitamos un show bueno. Si quieres te puedo hacer el espectáculo ahora dijo Manuel y la mujer pasó su lengua por los labios.

***

Nos juntamos con Manuel un día antes del día en cuestión en donde lo daríamos todo, yo no le dije nada a nadie, mi polola no podía enterarse en la cagada que me había metido y Manuel no le dijo nada a nadie por vergüenza. ¿Qué haremos? Nos preguntábamos, tendríamos que personificarnos, tendríamos que ir con algún uniforme o algo. Yo tenía mi uniforme de enfermero, así que podía ir con él. Manuel decidió ir de abogado, con un terno negro y un maletín. ¿Y qué música ponemos? “You can leave your hat on” no puede faltar y comenzamos a hacer una playlist llena de música cachonda y que no durara más de una hora, como nuestro show. Yo le decía a Manuel que podría ser la voz en off y podría decir:

Él es Patricio (era necesario tener nombres artísticos) viene de la comuna de Tomé, tiene un metro ochenta de puro placer, le gustan las mujeres más que cualquier otra cosa, es abogado por el día y por las noches demuestra sus dotes artísticos…

– ¿Y tú como te vas a llamar? –

-Carlos- respondí- Patricio y Carlos, Pato y Carlos, pa’tocarlos.

El evento era en Talcahuano y le dije a Manuel que primero pasara a mi casa y que luego nos fuéramos juntos para allá. Yo estaba nervioso porque no sabía hasta donde podía llegar, mi fidelidad estaba en juego, hasta dónde llegaba mi fidelidad con mi polola, hay mucha gente que trabaja en esto y gana dinero pero ¿les dirán a sus parejas?, ¿tendrán pareja?, yo creo que no tienen pareja ninguno, así como Manuel que me decía que iba a todo, a todo, yo no podía decir eso, me costaba pensar hasta donde llegar.

Llegamos a un departamento que miraba a el Club Hípico. Era un montón de mujeres que tenían cotillón en sus cabezas de penes, una fuente de ponche con forma de pene, bombillas de pene y así un montón de cosas que plasmaban nuestros genitales. Genitales que comenzaban a erectarse después de un viagra a medias que nos tomamos con Manuel.

Preparé mi show, elegí mis temas, que harían unos veinte y tantos minutos. Primero salía con una polera muy apretada y unos chores de futbol. West End Girls de fondo.

Él es Carlos, un veinteañero que viene de jugar un partido de fútbol, y está sudado en vaselina, Carlos juega de puntero, hoy le apuntará a todas pero no meterá gol, el gol es sagrado. Aplicara la finta a todas las mujeres y esperamos que eso les guste.

Pasó la canción y las mujeres gritaban y celebraban muy extasiadas, Manuel había leído el mensaje de la voz en off que había escrito mientras íbamos en la micro. Él no había preparado su mensaje pero yo había escrito uno por él, él lo leyó en voz baja y me dijo:

-Hermano yo voy a todo.

Cuando terminó mi espectáculo empezó Manuel, tenía como tema de apertura Locomia y fue con una disposición bastante diferente a la mía

Ahí va Patricio, por las mañanas se dedica a trabajar en un buffet de abogados muy prestigioso y por las noches conquista a las mujeres con su gran herramienta. Al Pato, como le gusta que le digan, le gusta bailar sobre las mujeres si ellas dan un gritooo.

Pato salió a la cancha y las conquistó a todas, conquistó a la que estaban despidiendo su soltería para luego ir a por esa amiga que nos encontramos y nos ofreció esta pega. Manuel lo dio todo, me sacó un peso de encima, porque cuando terminó el show de Manuel, que finalizó con un dúo nuestro y con el tema Careless Whisper, nos volvimos a la pieza de nuevo y Manuel se quiso quedar. Yo me fui y les dije que el espectáculo que ahora venía tenía otro precio, un precio que solo Manuel podía ofertar.

2

Manuel me llamó en la tarde, se le escuchaba a través del teléfono un poco cansado y en efecto lo estaba. Me hablaba con una voz ronca porque se había despertado recién y me contó todos los por menores de aquella noche. Me dijo que se había hecho millonario y que todas le habían pedido su número, así que no iba a ser extraño que nos volvieran a llamar para seguir nuestras noches de bailes sensuales. Manuel me preguntó que apañaba solo si yo apañaba y la verdad es que jamás creí que nos volvieran a llamar por lo que le respondí que me avisara no más cuando saliera una pega.

Ese mismo fin de semana tuvimos que disfrazarnos de policías porque Manuel, que había ganado más dinero que yo la última vez, había comprado disfraces para hacer una performance distinta y cobrar un poco más. Yo creí que íbamos a ir a donde otras mujeres, pero la verdad es que hasta el mismo cotillón había en el lugar y algunas caras se repetían. Bailamos un montón y la dinámica siguió siendo la misma, yo me iba antes de que Manuel comenzara a desnudarse y se las culiara a todas.

***

Así pasaron unos meses hasta que un día nos pidieron un negro, tal cual, nos dijeron que querían un caribeño, colombiano o haitiano, pero que fuera negro y que tuviera una gran verga. Manuel me dijo que no conocía a ningún negro y yo tampoco conocía a alguno, pero lo que sí sabía era que en la Vega hay un montón de negros que trabajan por menos de lo que les pagaríamos nosotros. Por lo que un día nos juntamos con Manuel y fuimos a tratar de convencer a un negro de que podía tener un mejor trabajo. La verdad es que fue difícil tratar de encontrar a el elegido. Hablamos con un colombiano que le ofrecíamos el doble de lo que estaba ganando pero era un negro muy cristiano. Intentamos hablar con un haitiano que apenas nos entendía y nos ignoró gran parte de la conversación que intentamos tener. Manuel me dijo que nunca había visto un haitiano pastero, yo le dije que tampoco. Era super raro que alguien viniera tan lejos a meterse en una droga que los dejaba inútiles. A pesar de eso había un haitiano que llegó mientras estábamos intentando a hablar con el otro, nos pregunto que qué hacíamos aquí y le comentamos la propuesta de negocios. Nos dijo que ganaba diez lucas así que le ofrecimos el triple de eso y aceptó de muy buena gana. Manuel cayusa le pregunto de nuevo su nombre.

-Jean Pierre- respondió el haitiano.

-¿Y cómo estamos de herramienta Jean Pierre?- preguntó Manuel

Y el negro sin pensarlo se bajó los pantalones en medio del patio de camiones de la Vega, sin dudarlo, se vio una pequeña serpiente negra que colgaba de su vientre y la gente que había ido a la feria a comprar para hacer almuerzo pasaba atónita mirando la gran verga del negro.

Manuel llevó ese mismo fin de semana a Jean Pierre a los bailoteos sexuales. Yo me dedicaba a coordinar por el teléfono de nuestra pyme y me quedaba en mi casa. Cien lucas siempre fue nuestra tarifa doble y al final que el negro estuviera con nosotros era negocio. Sobre todo para mi porque mientras Jean Pierre y Manuel se sacaban el cuero de tanto baile, yo me llenaba los bolsillos de dinero desde la comodidad de mi casa, bailándole a mi polola.

3

Así comenzó lentamente a decaer la pega, ya no era todos los fin de semanas, era fin de semana de por medio y ya después era solo una vez al mes, la razón que nosotros creemos con Manuel es que las mujeres ahora solo nos pedían al negro, y un día el negro no quiso trabajar más con nosotros y lo entendimos. El negro del cual nos aprovechamos ahora nos robaba el trabajo y quizás para siempre.

Un día Jean quiso vernos para despedirse de nosotros y por esas coincidencias de la vida el teléfono de la pyme sonó y nos contactaron. Hace tiempo que no llegaban mensajes al teléfono de la pyme y nos emocionamos cuando vimos que aún estábamos vigentes. Necesitan tres hombres y nos miramos entre todos y aceptamos sin pensarlo. Esta vez le pagaríamos lo que le correspondía a Jean y le pedimos disculpas por habernos aprovechado de él. Jean Pierre sin una gota de venganza nos daba las gracias, que si no hubiese sido por nosotros estaría en la Vega fumando pasta base con sus coterráneos.

El pedido era en el último piso de un edificio que quedaba al frente del Parque Ecuador cerca de Prat. Fuimos el día encomendado, muy entusiasmado porque nos estaban pagando casi el tripe por esta sesión, solo negociando logramos ese precio lo cual nos pareció una gran jugada. Jean Pierre en el ascensor se miraba en el espejo y comenzaba a arreglarse el pelo, se arreglaba el cuello de la camisa, se miraba como deseándose.

Las instrucciones eran claras, teníamos que tocar el timbre del 20 06. Nos miramos los rostros, Manuel estaba más seguro que nunca, porque ese día no se tomó ninguna pastilla para parar la máquina. Jean Pierre por otro lado, no tenía idea de que nosotros usábamos pastillas para los eventos y nos preguntó el nombre que anotó en su celular.

Hicimos sonar el timbre y nos abrió la puerta un hombre, muy amable nos pidió que nos sentáramos en unos sillones en el living. A mi me pareció un poco rara la situación, siempre nos contrataban mujeres, aunque no faltaba que en algún evento estaba el típico amigo gay de la que despedía su soltería, así que ese hombre podría haber sido uno de esos.

-Arréglense no más, los están esperando en la pieza- dijo el hombre con un tono afeminado que me calmó.

Jean Pierre para arriba iba a cuero pelado y para abajo tenía un pantalón de dos partes que se unía con un velcro por los costados y que se lo sacaba en medio del espectáculo quedando en slip. Con Manuel estábamos vestidos iguales, de cuero negro entero, con gafas negras y unos bigotes que nos dejamos para la ocasión y una gorra media policial.

El hombre no nos sacó un ojo de encima mientras nos desvestíamos y nos poníamos nuestros trajes de gigoló. Cuando estuvimos listos nos condujo por un pasillo a una pieza que estaba cerrada.

Abrió la puerta y en la pieza se podía ver una tele en donde se reproducía una película pornográfica, alrededor del televisor un grupo de cinco hombres completamente desnudos se masturbaban viendo a esos falsos cuerpos moverse.

Cuando vi en donde nos habíamos metido le dije a los chicos que yo no venía a esto y que me iba, Manuel me siguió y empujó al hombre que nos había abierto la puerta que nos trataba de retener y nos escabullimos.

-Vamos Jean Pierre- le dije desde el marco de la puerta del departamento.

El negro salió lentamente de la pieza y con unos ojos negros como la noche nos miró, sentí una mirada de cocodrilo en él y ladeo la cabeza. Nos dijo en un español muy chileno que le depositáramos toda la plata a él. Jean Pierre volvió a la pieza y el hombre que nos había abierto el departamento entró después de él, dándonos una señal con la mano de adiós y que nos fuéramos.

Cerramos el departamento y con Manuel nos miramos no entendiendo nada de lo que había ocurrido.

Del Jean Pierre no supimos más. Le depositamos lo que le debíamos cuando íbamos bajando en el ascensor y después de aquel ritual homosexual no supimos más de él.

Nosotros seguimos con nuestras vidas y nunca más volvimos a las canchas de la lujuria nocturna. De vez en cuando nos dan ganas con Manuel de nuevamente salir a bailar por las noches, de ganar dinero mostrando nuestros genitales, pero al final son solo ganas que nuestro compañero Jean Pierre concretaba noche tras noche, con quien fuese que lo contratara.

5 respuestas a “Vedeto-dance”

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