Crónica hospitalaria 5

Como algunos saben tuve una cita con el quirófano, donde vino el doctor y me sacó el corazón (risas)

En realidad me tuvieron que reconstruir un ligamento de la rodilla y aquí figuro en mi segundo día en la Clinica con una visual hacia el Trebol. Montones de autos se ven cono si hormigas fuesen, yendo hacia Concepcion, Talcahuano o Hualpén. La luces van hacia distintos lugares y yo no voy para ninguna parte, deberia en estos momentos estar en mi casa, pero parece que faltaba llenar un poco el drenaje con sangre.

Estoy en una sala compartida, por suerte hoy el viejo de al lado se fue porque con sus ronquidos no me dejó dormir la noche pasada, el viejo estaba más cagado que yo (tenia taponeado el corazón) pero se fue primero pa la casa.

Desde mi ventana se puede ver el Mall y su eterno estacionamiento, estacionamiento que me ha servido como fuente de inspiración, basicamente porque es extraño pensar que debajo de este inmenso parque de cemento en otro tiempo hubiera pantano o simplemente chépica (ya subiré ese cuento que sucede en un estacionamiento). tambien se pueden ver los edificios de al frente y en la tarde en una ventana se veía como una mujer cabalgaba sobre un hombre haciendo el amor o solo teniendo sexo. ¿se puede saber desde mi perspectiva voyerista si aquella pareja estaba haciendo el amor o teniendo sexo? eso jamás lo sabré.

Lo que si sé es lo siguiente. Ayer me pusieron la raquídea, una inyección que te duerme de la cintura para abajo y que triste ver al muerto realmente muerto. Me pasaron un pato de cartón para mear y apenas pude hice mi cometido y dejé el pato en el velador. Por la mañana la sorpresa fue mayor, el pato se había pasado y habia mojado La Nausea de Sartre, mas bien yo mismo había meado involuntariamente mi libro, un libro que ya me faltaban pocas páginas para terminar. Obvio que me enojé, no sé si me enojé más porque yo mismo mee mi libro o porque nadie me ayudo a limpiar.

Ahora no me queda otra que recuperarme de mi rodilla e ir a robar sin falta La Nausea, lo terminaría de leer y lo volvería a mear, porque al parecer este es el destino inexorable del libro o tal vez que jamás lo termine de leer, quién sabe.

Primera vez que meo un libro, primera vez que veo una pareja follar, primera vez que me operan, primera vez que escribo desde mi celular, primera vez que siento que mi vida tiene un nuevo punto de partida…

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